No entiendo quién se encarga de la comunicación de nuestros partidos políticos. ¿Quién asesora a nuestros líderes políticos?. Quizás sea el mismo Belcebú. No entiendo la política del silencio que practica el líder de la oposición, esa pose blandita que se empeña en defender lo indefendible, de no trazar una línea clara sobre la corrupción. La ciudadanía necesita mensajes claros y meridianos y no declaraciones al estilo Esperanza Aguirre en las que afirma que la “corrupción es consustancial a las instituciones”. La eterna animadora de la derecha confunde actor con teatro de operaciones. Las instituciones no pueden ser corruptas, los corruptos son quienes pueblan los pasillos de dichos organismos y quienes se encargan de dirigirlas.
Me encantaría departir con los asesores de comunicación de esta señora y del resto de los del Partido Popular, quisiera preguntarles sobre los silencios, las contradicciones y sus estrategias. ¿Existen realmente?, o todo se reduce a un seguidismo de las ocurrencias de sus más que mediocres dirigentes.
Las cosas no están mejor a la izquierda de los populares (y no confundan estar a la izquierda con ser de izquierdas). Si la oposición dormita en sus escaños, nuestro Presidente impone un estilo muy personal a todo lo que le rodea. El señor ZP (quizás único acierto de toda la comunicación del PSOE, fruto de la agencia Señora Rushmore) piensa que los mensajes políticos deben estar envueltos en papel de celofán y adornados con muchos lazos. Sin embargo, la vacuidad de ideas y una continua contradicción son el reflejo de ese grupo de “pensadores débiles” que lidera José Blanco, látigo orgánico de escasa brillantez dialéctica apoyado por ese fenómeno mediático, la planetaria Leire Pajín, cuya última entrada de blog sonrojaría a cualquier mente bien pensante. La estrategia del PSOE pasa por aglutinar el hastiado y desengañado voto útil de la izquierda y aglutinarlo en torno al caso Garzón. Este magistrado siempre me ha parecido un oportunista y engreído. Esto no quiere decir que comparta su intento de linchamiento por parte de la ultraderecha, pero de ahí a convertirlo en paladín de la memoria histórica… Por favor.

Anestesia
La ausencia de una buena comunicación y una praxis coherente que la acompañe, genera en nuestra sociedad un cabreo creciente. La crisis se ha asomado a nuestros hogares -y en muchos casos se ha instalado en el salón junto a la mesa camilla-, de manera que los españolitos comenzamos a hablar de cosas realmente importantes, y como es habitual en nosotros, con bastante mala leche. No puedo dejar de escuchar allá donde vaya conversaciones sobre la crisis social, moral, política. Despertamos del sueño con el que nos habían anestesiado durante una década y que hunde sus raíces en el “buen rollismo” de los ochenta. Hemos infantilizado la sociedad. Les recuerdo que aquí unos es joven oficial hasta los 35, y todo se mueve por el ego, el “yoismo” que genera frustración y violencia.
La apuesta por mensajes fofos y edulcorados ha generado una sociedad blandita acostumbrada al subsidio estatal, paternal. Hemos trocado la razón por el consumo. Los valores eran algo trasnochado y limitante de la libertad. En la ecuación han ayudado los medios de comunicación y la falta de crítica de una sociedad que se ha regodeado en el viaje al Caribe y la hipoteca pelotazo.
La incapacidad de la autoproclamada “clase política” para reconducir la situación actual, de tomar decisiones impopulares (y no siempre para los trabajadores) pero necesarias en un contexto económico de funeral, sólo puede conducir a dar oxigeno a salvapatrias de los que los españoles somos tan aficionados. Es más fácil guardar silencio que introducir reformas profundas en el sistema haciéndolo más participativo y justo (que no subsidiado). Estamos cansados de ser gobernados a golpe de eslogan por absolutos incompentes. Rasca y Pica lo harían indudablemente mejor.

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