Decía el gran H. Magnus Enzensberger en uno de sus siempre lúcidos artículos que los comunes nos debíamos apiadar de los políticos, esa “clase” que vive entre los intersticios del mundo real y que no tienen ningún oficio conocido. Hoy me compadezco del pobre Zapatero, nuestro presidente de Gobierno. Su mediocridad y falta de reflejos han quedado completamente en evidencia. Un tipo de frase fácil y verbo disoluto que nos ha regalado hoy con una de sus peores (o quizás mejores) actuaciones.

Sigo preguntándome quienes son los encargados de la comunicación de nuestro presidente. Me desayunaba con el notición de que el mismísimo dirigente del Imperio Global, Barak Obama había telefoneado a ZP para solicitarle firmeza en las cuentas públicas de nuestro país. Es inaudito que una injerencia en nuestra política interior y un tirón de orejas en toda regla, sea aireado de manera feliz por el aparato de propaganda que rodea al presidente. Cualquier mente bien pensante se sentiría avergonzada y lo último que desearía que se hiciese pública una reprimenda de este tipo.

El segundo acto de este teatrillo, ha tenido lugar en el Congreso de los Diputados. Me estaba tomado yo mis Crispis con Cola-Cao, cuando escucho la intervención de ZP. Discurso monocorde, cansino, repleto de yuxtaposiciones y oraciones interminables. La oratoria de este hombre me pone realmente de los nervios y si analizamos la gestualidad… parece que un titiritero moviese unos hilos invisibles cosidos al traje de Zapatero.

De no ser por la gravedad del momento, me tendría que haber tomado un litro de café para no caer dormido perdido entre cifras, adverbios y balbuceos. Si analizamos el contenido del discurso… Todavía estoy alucinando. Todo confirma mis sospechas. El gabinete blandi-blub socialista ha metido la tijera por el sitio más fácil y mientras los bancos a los que nos hemos dedicado a ayudar anuncian beneficios estratosféricos somos los trabajadores los que pagaremos el pato de esta situación. Si no he entendido mal, el objetivo es hacer descender el déficit en 2,5 puntos para el próximo año. En vez de recortes sociales yo sería más imaginativo.
Según un muy eficiente informe de UPyD sólo eliminando las duplicidades que genera el Sistema Autonómico se ahorrarían 2,3 puntos del PIB. Ahora bajemos los sueldos a todos los políticos y asesores que hay en este país, prohibamos por decreto los coches oficiales (que superan en número a todos los de EE.UU) y tarjetas de viaje a gañote, cambiándolas por bono-buses y exijamos que nuestros políticos coticen como todo ciudadano en la seguridad social para cobrar las pensiones.
Me pregunto que estrategia adoptarán ahora los sindicatos verticales de este país. Narcotizados por los millones de los fondos de formación (que la UE ha considerado un auténtico derroche inútil), las primeras declaraciones del líder de la UGT, Candido Méndez (otro que no se apea del sillón ni a tiros) eran palabras de preocupación por los funcionarios. Este tipo parece que se ha olvidado de los casi 5 millones de parados, un lapsus imperdonable para un profesional del alambre de su talla.

El tercer acto de este entremés de Cervantes ha sido la reunión mantenida por la Ejecutiva Federal del PSOE tras los postres de los recortes. Los llamados “barones” socialistas han respaldado a su jefe de filas. Eso si, seguirán despilfarrando mientras sus propagandistas se dedican a anunciar a bombo y platillo los recortes inexistentes de sus administraciones autonómicas. Sólo un dato, mientras el Estado Central dispone de 400.000 funcionarios, las Comunidades Autónomas suman la friolera de 1.800.000.

La situación actual tiene una clara correlación con el índice de angustia de la economía española. Este índice de angustia o estrés es el equivalente al Distress Index que realiza Foundation for Economic Education (FEE) para los EE.UU. La extrapolación de datos para la economía española junto con las variables que se han considerado, hacen que el índice de la angustia española sea un buen parámetro para evaluar la situación actual de nuestra economía.
Actualmente, este índice se encuentra en su valor máximo, con un nivel de estrés de 69,65. Los rangos históricos que tenemos para este índice arrojan un valor medio de 44,18 desde junio de 1985 y tienen su mínimo en octubre del 2006, con un valor de 30,75. Su valor actual, se encuentra muy por encima del valor de la crisis del 93, donde alcanzó un valor medio de 55,99 entre 1991 y 1995 y se ha multiplicado por dos en los últimos cinco años.
No obstante, el problema de fondo no es el máximo en el que se encuentra, sino el nivel que puede llegar a alcanzar este índice. Si se cumplen las previsiones más negativas sobre la economía española, este índice puede superar el valor de 75; límite que se podría fijar como el socialmente tolerable ¿Se podría hacer una correlación entre la estabilidad social y éste índice? Probablemente… Y de la oposición ni hablamos.

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