Hoy hablaremos de pornografía, de su uso y la influencia que tiene en la sociedad. Lo siento por los pajilleros.
El debate sobre esta actividad lúdica, calificada de “vicio” por los más extremistas, es extenso, lleno de trampas y demagogia. A la pornografía se la ha acusado de promover la irresponsabilidad sexual, el divorcio, las agresiones, pedofilia e incluso la guerra de Irak. La única consecuencia clara que provoca el consumo de pornografía es la masturbación y hasta la fecha nadie a muerto por ello. La expansión de Internet ha popularizado el consumo de porno, ya no hay que esconder la colección de revistas porno en un recóndito armario ni confundir las cintas de video con las de Blancanieves, nos conectamos desde nuestro ordenador y listos.

Las encendidas cruzadas contra la escalada del sexo son menos reveladoras del espíritu de nuestra época que las demandas de reglamentaciones pragmáticas de los lugares y horas en que es admisible. El momento categórico de la moral ha sido reemplazado por u estadio flexible: la bajada de videos porno de internet no suscita reprobaciones.
La sorpresa, muy a pesar de moralistas, fanáticos religiosos y gentes del estilo, es que recientes investigaciones muestran que las conductas nocivas, lejos de incrementarse, han disminuido, al menos en los EE.UU. como veremos. Con esto no quiero decir que la pornografía sea absolutamente inofensiva. Algunos hombres la consumen tan compulsivamente que interfiere con sus vidas y por lo tanto necesitaría una terapia decuada. Algunas mujeres se perturban cuando descubren que el hombre de sus vidas disfruta la pornografía. Quizás requieran de terapia de pareja. Cuando el porno es el único elemento que sirve para la educación, muchos jóvenes adquieren una visión muy deformada de la realidad y de la sexualidad.
Analicemos los datos aparecidos en Psychology Today. Desde 1990, la tasa de abortos en Estados Unidos ha bajado un 41%; la sífilis ha disminuido en 74%; y la gonorrea ha descendido en un 57%. También el sexo adolescente va a la baja, pues desde 1991, la cifra de jóvenes que mantiene relaciones sexuales ha decrecido un 7%; en tanto que el uso del condón ha subido un 16%, y la tasa de embarazos no deseados disminuyó 33%. El divorcio es otro aspecto social que ha bajado en un 23%; mientras que desde 1995, las violaciones han descendido un 44%.
Los datos demuestran que desde el punto de vista social la pornografía no causa un daño evidente. Algunos especialistas han propuesto que internet funciona como válvula de escape para los potenciales agresores sexuales. Sin embargo, las investigaciones en este campo son muy complicadas ya que puede reproducirse una situación en la que los hombres se conviertan en presuntos agresores y las mujeres en presuntas víctimas.
Las últimas en llegar a este extenso mercado de la carne son las mujeres, ya en el 2007 la consultora Nielsen/Net Ratings, durante el primer trimestre de 2007, se comprobó que una tercera parte de  los usuarios que recurren a sitios porno pertenecen al sexo femenino. Durante este periodo alrededor de 13 millones de mujeres estadounidenses disfrutaron de porno en-línea al menos una vez al mes.

Theresa Flynt, la vicepresidenta de Hustler Video, la rama de video de una de las publicaciones más famosas de contenidos pornográficos, asegura que el 56% de los clientes que adquieren películas en sus tiendas son mujeres, mientras asegura que esta ventaja sobre los consumidores masculinos tiene a crecer.
Las feministas más acérrimas ya no denuncian la utilización del cuerpo de la mujer como moneda del mercado sexual, se centran en los debates de la igualdad. La llegada de la mujer al consumo de la pornografía tendrá consecuencias a largo plazo, cambiarán en parte los modos, formas y paradigmas de un cine marcado por los esquemas y el machismo, este es el caso de Erika Loose productora independiente de cine para adultos que siempre se ha encargado de recordar que el sexo en el cine es mentira.

En España el caso norteamericano no parece cumplirse, según el ministerio de Sanidad las ETS (enfermedades de transmisión sexual) han experimentado un ascenso tras un descenso en la década anterior. Se llega a la conclusión de que la forma más útil de reducir estas patologías es mediante un cambio en los estilos de vida, algo que el cine porno, como elemento publicitario y de consumo, podría conseguir de la mano de las mujeres.

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