Sigo opinando que el Gobierno de ZP debe tener unos malísimos asesores de comunicación, o bien estos hace tiempo que se cortaron las venas con el filo de un cedé que contenía la versión flamenca del himno del partido socialista.
Si plantear una comunicación para el Presidente es complicado, imaginen lo que sucede con su ministra de igualdad, la sin par Bibiana Aido. La última perla de su sabiduría con la que nos ha ilustrado  son sus declaraciones sobre el uso del “burka”. La ministra considera un tema muy complejo establecer límites claros para el uso de prendas que degraden la condición de la mujer y en un ataque de “buen rollismo” que debe abundar en Moncloa y sus aledaños, ha abogado por un debate respetuoso, sosegado y en el que abunde la reflexión.
Existe claramente una contradicción entre los que realmente se debería de decir con lo que políticamente se dice, por el bien de la ideología “blandita” y de pensamiento débil que practica nuestro ejecutivo en la esperanza de atraerse electores y en la errónea creencia de que en libertad todo vale.
Entiendo que el debate suscitado en las últimas semanas posee mucho de oportunismo populista, ya que se han aprobado mociones contra el uso de este tipo de prendas en lugares donde no existe ni un solo emigrante.
Sin embargo, lo que está sobre el tapete es un debate que lleva mucho tiempo soslayado y que recorre de manera transversal la cuestión del laicismo del Estado.
Entiendo que vivo en una cultura de profunda raíz judeocristina y existen tradiciones de las que difícilmente podemos obviar a pesar de aspirar a un estado laico. El paseo de muñecos de madera entre jaculatorias y nubes de incienso o las demostraciones entusiastas de fieles rezando y exhibiendo símbolos religiosos.

Leo Bassi vestido de Papa en La Revelación

Lamentablemente los valores de la ilustración están perdiendo terreno en occidente. La caída del muro de Berlín marcó el inicio del fin de las ideologías de izquierda como hasta el momento se conocían. Las últimas utopías socialistas que nacieron al albur de la Revolución Francesa han desaparecido. Como afirmaba Marx, sólo queda la economía mientras que la batalla de las ideas queda reducida a cómo aplicar las medidas de salvamento del Fondo Monetario Internacional. Con el naufragio de la izquierda estamos a punto de perder también el espíritu laico. La derecha ha transformado la derrota de la experiencia marxista en una derrota de la Ilustración y del laicismo en general. La izquierda, los pensadores liberales no son capaces de oponerse a la idea de que los valores ilustrados son los mismos que los del marxismo.

Estos son los valores que deben imperar en un Estado occidental y para ello necesitamos de instituciones que los defiendan con uñas y dientes. La democracia y el sistema de valores que desde 1789 hemos conseguido en Europa no pueden ceder ante el empuje del monoteísmo radical que apela a los supuestos derechos de sus militantes. Los fundamentos ideológicos del monoteísmo están construidos sobre la creencia en un Dios que no sólo juega a los dados, sino que le gusta arrearle con ellos a todo aquel que se plantea ¿qué pinta un tipo como este montando la Creación?. Como decía Leo Bassi en su Revelación imaginaos que Josué hubiera cambiado su papel y le hubiera dicho a Dios: “Nos soprende, Dios, que usted nos pida cumplir semejante crimen (acabar con todos los hombres, mujeres, niños y animales de Jericó). Precisamente esta mañana con nuestros rabinos, hemos vuelto a leer los diez mandamientos y nos hemos fijado especialmente en el quinto “No matarás”. Esa orden de llevar a cabo una matanza va contra su propia ley, que es perfectamente clara y genialmente breve. No matarás y ¡punto!. No está escrito “No matarás, pero sí puedes cargarte a todos esos hijos de puta que viven en Jericó. Como consecuencia de esta lectura, hemos llegado a la conclusión de que usted es un tramposo y esa orden de llevar a cabo una matanza es una prueba para ver si respetamos de verdad vuestros principios, y en particular el quinto mandamiento. Y como no somos tontos, hemos decidido no matar a nadie y renunciar al regalo de la Tierra Prometida para no tener más líos con la gente. Volvemos al desierto.”

A pesar del supuesto mensaje de amor con el que las religiones nos regalan, más de 2.000 años de historia nos demuestran que estas se sustentan en la matanza, la barbarie cultural y la exclusión. Los monoteísmos son especialistas en el marketing del terror y la política de la tierra quemada. Uno de sus últimos ejemplos las palabras de misericordia que el L´Osservatore Romano, órgano de propaganda de la Iglesia Católica y el Vaticano le  dedicaban como epitafio a Saramago. Firmado por el terrorista de la información Claudio Toscani, el obituario se despachaba a gusto con comentarios tales como “una mente uncinata da una banalizzazione”, “una mente enganchada en una banalización” o “respecto a la religión, dado que siempre tuvo la mente enganchada en una banalización desestabilizadora de lo sagrado (…), Saramago no dejó nunca de apoyar un descorazonador simplismo teológico”. Todo un ejemplo de cariño y benevolencia por parte de quienes pretenden poseer el monopolio del amor al prójimo.

Por todo ello, los hechos discriminatorios y las imposiciones ideológicas no se pueden disfrazar de hechos culturales diferenciales. La línea debe estar muy clara, la lucha de las mujeres por su libertad no puede ser borrada de un plumazo ante una supuesta comprensión de la cultura del otro, que reclama unos derechos inexistentes en su lugar de origen para aquellos que le otorgan unas libertades que nunca imaginó. No quiero que la autocensura se convierta en el mejor método de respeto para quienes pretenden amordazarnos y anular nuestra capacidasd de crítica y burla.

El Estado debe ser completamente intolerante con los intolerantes vengan estos cargados de “burkas”, cruces o togas de color azafrán. Hay debates estériles que no llevan a ningún lugar y menos los que pretenden recortar las libertades, derechos y obligaciones por las que hemos luchado tanto tiempo en Occidente.

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