¿Es la economía o realmente es la ambición?. La codicia desmedida la que nos ha llevado a esta situación y la que previsiblemente nos conducirá a la última gran burbuja del capitalismo. No pretendo anunciar el fin del capitalismo, lamentablemente sobrevivirá, sólo tienen que fijarse lo bien que funciona en China. Me cisco en esos presuntuosos que lanzaron esa cutre campaña de estoloarreglamosentretodos.org, esa pandilla que una vez nos ha arruinado a todos, ahora quiere convencernos de que, arrimado el hombro y gracias a nuestros ahorros y nuestros impuestos, vamos a salir del bache. Eso en castellano tiene un nombre, y creo recordar que era el de “sinvergüenza”, o algo peor.

Hoy estoy dirigiéndome a ustedes para contarles una historia, cuando terminen de leerla podrán juzgar por sí mismos. Todo empezó hace mucho tiempo cuando los gobiernos ultraliberales o neoconservadores decidieron que las regulaciones eran algo del pasado, que los mercados podían autoregularse. Recuerdo esa foto de G.Bush. Jr. cortando los libros que encorsetaban los mercados bursátiles. El mercado era tan sabio y funciona tan bien, que se ignoraban las recomendaciones de solvencia y prudencia promulgadas por los respectivos reguladores. ¿Por qué poner límites? ¿Por qué tanta burocracia?.

Tras el estallido de la burbuja de las tecnológicas o “.com” donde muchos chamarileros de la informática convirtieron sus granos de jóvenes pajilleros en dólares contantes y sonantes, el dinero de los grandes y pequeños ahorradores fluyó a los mercados financieros como una vía para obtener ganancias de carácter recurrente. Ignorar el riesgo de la falta de liquidez y creer en un paradigma socio-económico en el que los activos multiplicaban su valor de manera infinita sin, posibilidad de que su precio bajase, se convirtió en el dogma de fé de todo el sistema.

En un entorno de evolución de precios positiva, facilidad de acceso a la financiación y con una tasa de paro cercana a lo que se denomina técnicamente como “pleno empleo”, era imposible pensar que el cambio de ciclo estuviese cercano. Este escenario, llevó inevitablemente a que los activos financieros alcanzasen unos precios cada vez menos en línea con los subyacentes (activos) a los que hacían referencia. De la noche a la mañana se descubrió que los activos sobrevalorados no valían casi nada, la codicia había creado un mecanismo endiablado. Los bancos centrales habían abaratado tanto el precio del dinero, que las entidades de crédito, en este contexto, prestaron sin límite y sin seguridad. Cuando la tozuda realidad se impuso, los activos tóxicos habían inundado el mercado. Se produjo la catástrofe y el dinero dejó de fluir. Un capital que en muchos casos era únicamente apuntes contables, humo.Apocalipsis financiero

El resultado lo conocemos, pero lo duro está por venir. No se crea los brotes verdes, el sistema repetirá sus errores porque nadie ha puesto pié en pared y los codiciosos siguen trabajando en su propio beneficio.
En poco tiempo veremos como la deuda privada, que asfixia al sistema financiero se convierte en deuda pública lo que conllevará graves problemas fiscales. No se crean eso que llaman modelos económicos, los economistas deberían aprender de antropólogos e historiadores, las matemáticas no explican el comportamiento económico ni la tozuda realidad. El déficit fiscal ahogará a los Estados, crisis que se agravará por la guerra de divisas que tendrá como protagonistas el dólar, el euro y el renminbi. Los ultracapitalistas chinos creen que mantener su moneda artificialmente baja los hace más competitivos. A corto plazo las cosas funcionan, la compra masiva de deuda yanki ayuda  a mantener un dólar fuerte y frenar la competencia norteamericana, sin embargo China aniquila de manera inconsciente sus mercados al desposeerlos de capacidad de consumo. Europa es otro cantar, el Banco Central Europeo manejado en comandita por Merkel y Sarkozy mantiene una política restrictiva que asfixia a los países periféricos que tendrán que reestructurar su deuda. Con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, sumado al riesgo de deflación existe un alto riesgo suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos”. En nuestro país el círculo malicioso lo moldearon la avidez de los nativos, obsesionados en comprar bienes inmobiliarios, unos bancos y sobre todo cajas sin escrúpulos y unos gobiernos interesados en la alegría macroeconómica.

Un dato alarmante, los bancos españoles ya se han comido la mitad de sus fondos destinados a cubrir el boquete de la morosidad, para ser exactos un agujero de 181.000 millones de euros. Esta situación provocará una falta de crédito que repercutirá sobre nuestro patético tejido empresarial empeñado en recrear a una nueva era de la esclavitud, donde salarios bajos, condiciones precarias y sumisión son marcas de la casa.

Ojo al dato, sin medidas correctoras (y va a ser que no), el corralito está a la vuelta de la esquina.

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