Javier es un gran amigo y compañero. Pasa ya del medio siglo convertidos en sabiduría, generosidad acompañadas de una pizca de vehemencia. De conversación inteligente e ilustrativa, Javier ha pasado toda su vida en el tajo. Dueño de una pequeña agencia a principios de los ochenta y fotógrafo incansable durante dos décadas, finalmente consiguió una plaza de profesor, por méritos propios, en la Universidad de Málaga.

Nuestro profesor es una persona descontextualizada, educado como otros muchos, en unos valores que hoy en día ya no existen, ha entendido, con pesar, los valores de la postmodernidad. Este es el festival y el mundo de don Gañofa y doña Valvulina, aquellos niños listillos y envidiosos que engañaban al resto de sus compañeros en el patio del colegio. Los que trapicheaban con los cromos, los que nos copiaban los deberes que no hacían.Comparativa por Comunidades Atónomas
Estamos en los albores de la sociedad “low cost”, todo es momentáneo y nada está realizado con la suficiente profesionalidad, nadie es responsa. Las calles están repletas de Gañofas, hagamos un somero análisis:

En la cúspide de la pirámide se situarían los políticos. Esa especie de superpredadores que hace mucho tiempo olvidaron el sentido del deber, el honor y todos esos conceptos por los que alguna vez se movió el mundo. Les encanta subirse los sueldos, tirar de visa y coche oficial (más de 35.000). Cualquier escalafón dentro de la “partidocracia” es bueno, especialmente aquellos que permiten colocar a amigos, pelotas y sinvergüenzas. Todo por “el bien del partido”. De ahí al estrellato. Comilonas en los mejores restaurantes que inutilizan sus escasas neuronas centradas en sobrevivir en un medio osti,l repleto de congéneres siempre dispuestos a asestar el zarpazo que los apee o los jubile de unos puestos en los que la inteligencia, la experiencia práctica y la honradez son pasaportes directos a las mazmorras de estas terribles organizaciones. Todo enarbolando la bandera de localismos, regionalismos y nacionalismos que únicamente han servido para cargarse el sistema sanitario, educativo y hallan dejado hecho trizas el estado del bienestar.
Casi al mismo nivel se encontrarían los miembros del complejo financiero, ejecutivos agresivos que se chotean de los políticos a los que consideran unos muertos de hambre, pero a los que pelotean sin rubor con tal de conseguir prebendas y favores. El efecto más terrible de la fusión de estas dos castas, ha sido el endeudamiento masivo de los ciudadanos entrampados en hipotecas que, en muchos casos, son inasumibles en la actualidad. Autenticos valvulinas que han conseguido, por el morro ,que la pasta de todos salve sus maltrechos negocietes, en especial las Cajas de Ahorros, controladas por unos partidos políticos que ven en ellas un “colocadero” y una fuente de ingresos para sus avidos aparatos.

Tras los superpredores se colocan los servidores públicos y los sindicalistas que se empeñanen defenderlos. Millones de funcionarios se encargan de que el país se arrastre moribundo colapsando la administración. Muchos de ellos, sobre todo en las administraciones locales y autonómicas, han sido agraciados con un puestito gracias a sus contactos con los superpredadores. Un auténtico esquema mafioso que en nada beneficia a los ciudadanos que sufren a diario la falta de educación, la desmotivación y la corrupción moral de unos auténticos desagradecidos. Junto a ellos, la caterva de sindicalistas que viven de las subvenciones públicas (salvo los sindicatos anarquistas) y que únicamente se preocupan del número de liberados y de cuantos puestos pueden pastelear para sus amiguetes en las administraciones públicas.

Parte de este nicho también lo ocupan una serie de emprearios esclavistas empeñados en hacer dinero a costa de la sangre de sus trabajadores. Confunden productividad con peloteo y calidad con jornadas de sol a sol frente a un puesto de trabajo. Sus relaciones con el complejo político financiero son excelentes ya que tratan de beneficiarse al máximo de todo tipo de dádivas y subvenciones. De sus filas parten las presiones para acabar con el exiguo estado del bienestar del que “disfrutamos” y del que irremisiblemente nos debemos despedir.

La base de la pirámide esta ocupada por millones de currelas, muchos de ellos en paro, miles de empresarios que intentan sacar a flote sus pymes empeñando hasta el último euro que poseen, una juventud a la que le han robado el futuro y algunos hombres buenos que se niegan a participar del festín del “todo gratis” en el que se han instalado sus congéneres. ¿Se extrañan todavía de que la desafección, el nihilismo y la acracia se hayan instalado entre nosotros? Quizás lo que les haría falta es que tomásemos las calles como en Francia. Entonces se iban a enterar.

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