Archive for febrero, 2011


Cada usuario es un auténtico mundo pero en esto del marketing sabemos que la mejor forma de hacer llegar un producto al consumidor es segmentando el mercado. Algunos son bastante brutos a la hora de establecer correlaciones pero la cosa no deja de tener su gracia y si verdad.
Sin pretenderlo, Frank Meehan -fundador de la firma londinense INQ– a su paso por Barcelona con motivo del Mobile World Congress la a liado parda. El británico no se cortó un pelo a la hora de expresar sus inquietudes sobre el mercado de los móviles y, ante un ojiplático auditorio, soltó la siguiente frase: “Si vas a un bar por la noche en cualquier ciudad del mundo, las chicas guapas llevan un iPhone o una BlackBerry en sus manos”. Pero ahí no quedó la cosa, puesto que continuó afirmando: “Las chicas no tienen ningún vínculo emocional con un móvil Android. Es demasiado complicado para ellas”. Y se quedó tan ancho.

No crean que la perla la ha soltado cualquiera: Meehan es el fundador de la empresa que va a fabricar el “móvil Facebook” (no oficial, por supuesto) y que será presentado este mismo año. El controvertido líder conoce bien el mercado y su perspectiva saca a relucir un interesante debate como el que se gira en torno al perfil de los usuarios de móviles.

El móvil y su dueño
Dicen que el perro se parece a su amo, y algunos estudios sostienen que esta afirmación es extensible también al ámbito de los móviles. En este sentido, Meehan se ha metido en un auténtico jardín al intentar explicar su punto de vista sobre los perfiles de los propietarios de móviles. Espinoso asunto que levanta pasiones entre usuarios de uno y otro bando (nos referimos, en especial, a los defensores del iPhone y a los de Android). Según el británico, la plataforma de Google se ha centrado únicamente en la tecnología “porque son gente de hardware”, afirma.

El citado líder alaba, sin embargo, la postura de Apple, que ha centrado sus productos en la usabilidad y el ‘factor deseo’: a diferencia del iPhone, “nadie hace colas para comprarse un Samsung Galaxy”, sostiene, “lo hacen por el precio nada más, no lo desean”. El perfil de los usuarios de móviles es un tema recurrente y así, CSectionComics quiso ponerle un punto de humor al asunto, publicando el año pasado un divertido cómic dibujando cómo se veía cada usuario con respecto a su teléfono y qué imagen creía que proyectaba. Faltaron segundos para que la representación circulara por la Red a velocidad de vértigo, casi el mismo lapso de tiempo que bastó para que los usuarios de uno y otro bando se tiraran los trastos a la cabeza. Pero en esto de los móviles hay estudios de todos los colores, y así, el sitio de citas on-line OkCupid hizo público un estudio en agosto del año pasado que reflejaba que los usuarios del iPhone disfrutaban de más relaciones sexuales que los de BlackBerry y Android. El estudio no cuenta, por supuesto, con ninguna validez científica, aunque fue el detonante que bastó para que se volviera a liar entre los fans de las plataformas.

Twitter, Facebook, Myspace, Tuenti… A la hora de dar valor a nuestra marca y nuestra empresa, el abanico de posibilidades es tan ámplio como inabarcable. Lo difícil de la tarea de cualquier estratega de marketing es establecer el retorno de la inversión de manera tangible, una cuestión que nos causa multitud de quebraderos de cabeza. En este post analizaremos el ROI de dos de las más usadas redes sociales.

Para las marcas, lograr que alguien comparta su mensaje en Facebook es mucho más valioso que conseguir que alguien mande un tweet con su mensaje.
Así lo asegura la firma ChompOn, que ha realizado un estudio que estima el valor que una empresa le supone a cada una de las acciones que los usuarios realizan en las redes sociales interactuando con la marca.

El dato, en dólares, puede ser muy significativo para cualquier responsable de marketing que se precie. Según el informe –como puede verse en el gráfico adjunto- el que alguien ‘comparta’ en Facebook está valorado en 14 dólares, mientras que el valor de un tweet es de 5 dólares.

Por su parte, un ‘me gusta’ en Facebook está valorado en 8 dólares, mientras que añadir un follower en Twitter está valorado en 2 dólares. Bajo precio el del follower, ¿no?, que se cotiza cuatro veces menos que hacer ‘me gusta’ y convertirse así en seguidor de la marca en Facebook.

Obviamente las valoraciones  fluctúan dependiendo de qué usuario se haga fan de una página, de quién retwittee, y de los contactos y followers que a su vez tenga… pero como media, no está mal saber cómo se valoran por regla general estas acciones y el ‘valor’ que se le otorga en el ámbito del márketing.
La relación entre Facebook y Twitter de 4 a 1 parece clara al menos
. TechCrunch por ejemplo señala el estudio realizado por otra firma, Eventbrite, que valora un ‘compartir’ en Facebook en 2,52 dólares a la hora de comprar entradas, mientras que en Twitter lo valora en 0,43 dólares. Más o menos guarda la misma proporción. ¿Consideráis que es así?

Me rilo. Décadas de mitos y leyendas urbanas han llegado a su fin. Que si sólo hay tres personas que la saben  (cada una de las cuales conoce una parte diferente de la receta) y nunca viajan juntos. Que si el ingrediente secreto es custodiado las 24 horas, que si se hace con los muertos (ah, no, eso eran las galletitas del Soylent Green). La cuestión es que después de 125 años de secreto hoy podemos revelar el listado de ingredientes (y sus proporciones) de la chispa de la vida. Todo gracias a un veterano de  la Guerra Civil norteamericana, John Pemberton, considerado el inventor de la Coca-Cola, de cuya receta original se conserva una fotografía. Y aún hay más.

La famosa receta fue pasando de generación en generación y una fotografía de la misma se incluyó en la edición del Atlanta Journa Constitution del 18 de febrero de 1979. Recientemente para la edición del libro This american life de Ira Glass se ha recuperado esa fotografía y al compararse con otras recetas que se conservaban se ha podido constatar que es la original. Toda la paranoia concerniente al secretismo sobre la receta original, al parecer, proviene de la obsesión de uno de los primeros presidentes de la compañía, Asa Candler, quien al recibir en 1887 la receta original, obsesionado con que alguien se la copiase o robase, ordenó que nunca volviera a mostrarse, retiró de todas las botellas la descripción de los ingredientes y al parecer supervisaba todo el correo de la compañía para evitar filtraciones. Cuánto habría sufrido este hombre hoy con Wikileaks.Ingredietes de la Coca Cola

Y ahora lo que estabas deseando conocer, la auténtica y original receta de la Coca-Cola. Apunta:

La receta:

Fluido de extracto de hoja de coca:  3 drams USP

Ácido Cítrico: 85 gramos
Cafeína: 28 gramos
Azúcar: 30 gramos
Agua: 9 litros
Zumo de lima: 1 litro
Vainilla: 28 gramos
Caramelo: 42 gramos o más para obtener más color

El ingrediente secreto 7X (usar 57 gramos de aromatizante para preparar 19 litros de sirope):

Alcohol: 227 gramos
Aceite de naranja: 20 gramos
Aceite de nuez moscada: 10 gotas
Cilantro: 5 gotas
Neroli: 10 Gotas
Canela: 10 Gotas

Y ahora os daremos la mala noticia antes de que salgáis corriendo al supermercado con esta lista de ingredientes pensando en fabricar vuestro propio emporio de refrescos de cola. Sí hay un ingrediente que no podrás obtener: el fluido de extracto de hoja de coca. Al parecer la compañía es la única del mundo autorizada a través de un acuerdo con la DEA (la administración norteamericana de lucha contra la droga) a cultivar, procesar y comercializar ese producto. Aunque siempre podeis llegar a algún acuerdo con un distribuidor local colombiano. Sinceramente, hubiera preferido que se mantuviese el secreto. LAs leyendas urbanas molan.

Ayer mientras comía con mis amigos del estudio de George y Mildred de Bilbao hablábamos como no podía ser, de comida. Sabemos que alimentos y trabajo, a falta de sexo, son religión en el País Vasco. La conversación desembocó en la comida basura y se centró en las hamburguesas de Mac Donalds y establecimientos similares. Al margen de analizar textura, sabor y dejarlas por los suelos, surgió la preocupación de conocer la huella ecológica de la carne que se utiliza para elaborarlas.  El ciclo de vida de una vaca y la hamburguesa es un ejemplo claro de que el sistema cumple estrictamente la máxima de “privatizar los beneficios y socializar las pérdidas“, que se ha hecho evidente, por otra parte, desde la óptica del mundo financiero, en nuestra crisis actual. Con todo, el aprovechamiento de los recursos estatales de las grandes compañías es una evidencia que debemos comprender.

Según varias fuentes, el coste energético de producir los 550 millones de Big Mac que se venden al año en Estados Unidos es de 297 millones de dólares, y ello supone un impacto ecológico equivalente a 1.170 millones de Kg. De CO2. A eso puede sumarse el impacto ambiental global en términos del empleo de agua y de la degradación de los suelos, así como los costes invisibles de los tratamientos médicos de problemas alimentarios como la diabetes o las enfermedades cardíacas.El verdadero valor de la comida basura
Aunque todos estos costes (llamados externalidades) no se reflejen en el precio del Big Mac, la realidad es que alguien tiene que pagarlos. La cuestión es que no los paga la corporación McDonald’s, sino que los paga toda la sociedad mediante los desastres medioambientales, las migraciones causadas por el cambio climático o los costes sanitarios más elevados. Según el Centro de Ciencias y Medio Ambiente de India, una hamburguesa de carne proveniente de una vaca criada en un área deforestada en realidad debería costar unos 200 dólares. Tal vez la cantidad parezca exagerada, pero a gran escala puede que incluso los costes totales de un Big Mac de 4 dólares sean más altos, ya que, además de no pagar los costes externos, las empresas muchas veces reciben subvenciones de diversos tipos, lo que significa que los consumidores norteamericanos compran hamburguesas baratas gracias al dinero de sus propios impuestos. Por ejemplo, la carne de McDonald’s es engordada con maíz, el cultivo más subvencionado de Estados Unidos.

Un informe de la Universidad de Tufts señala que la industria norteamericana de carne de vacuno ahorra en promedio alrededor de 562 millones de dólares anuales por engordar al ganado con maíz subvencionado. El total de subvenciones otorgadas al maíz llegó a un máximo de 4.600 millones de dólares en 2006.
Los contribuyentes también colaboran con la cadena de comida rápida en lo que respecta a los salarios, mediante un “subsidio social”. Un trabajador de un local de comida rápida gana en promedio algo más de 15.000 dólares al año. Estos salarios de pobreza (ya sé que aquí esto sueña a coña) se complementan con Medicare, cupones para comida, programas de nutrición infantil, planes de ayuda estatal directa y otros servicios gubernamentales. Tan sólo la suma total de gastos estatales y federales destinados a los empleados de Burger King (hay para todos) asciende a más de 273 millones de dólares al año. Si multiplicamos esa suma por todas las grandes cadenas de comida rápida vemos que el gobierno desembolsa más de 1.000 millones de dólares para subvencionar los salarios de pobreza de esta industria.

Sin embargo, las subvenciones no son el único coste social de la comida barata. Un estudio realizado en 1995 sobre los costes en salud pública destinados a tratar enfermedades debidas al consumo excesivo de carne calculó un total de 30.000 a 60.000 millones de dólares al año…
La idea de una hamburguesa de 200 dólares es sólo una aproximación. En realidad, calcular los verdaderos costes medioambientales puede resultar engañoso, porque desconocemos las consecuencias ecológicas a largo plazo y cuánto costará a las futuras generaciones resarcirse de este desastre .

“El concepto de call center está muerto. Las empresas tienen que ir cediendo a los usuarios las herramientas de gestión de servicio al cliente. Esta será la próxima revolución. Los nativos digitales no quieren hablar con una máquina. Quieren ir a Internet y hacer sus gestiones solos. Prefieren el auto-servicio. Son las formas del siglo XXI. Los call center pertenecen a la cultura del siglo XX. El nuevo modelo tiene mucho más sentido. Una persona hace sus gestiones cuando quiere. No tiene que esperar a las 9 de la mañana a que abran el call center”.

Quien predice la muerte del call center es Rodolfo Carpintier. El presidente de la incubadora de Internet DAD (Digital Assets Deployment) no encuentra lugar para la cultura del servicio telefónico que proliferó como la espuma durante el siglo pasado cuando, hoy en día, y mucho más en el futuro, los individuos querrán ser los propios gestores de los servicios que contraten. No necesitan esperar a que comience la jornada laboral de otra persona para poder resolver sus asuntos.

Carpintier dijo esto en un desayuno organizado por la agencia de social media y relaciones públicas TúaTú en el que, a veces, tenías que mirar el calendario del móvil para asegurarte de estar en febrero de 2011 y no en un día cualquiera mucho más adelante. Lo paradójico es que uno se asusta cuando escucha a alguien hablar como si viviera en su tiempo. Estamos tan acostumbrados a ver personas que viven instaladas en el pasado que cuando te encuentras con alguien que habla desde el presente te sientes como la primera vez que viste The Matrix.

El empresario insistió en que hay una “falta de visión generalizada del siglo XXI” entre las empresas. “La clave es inventar desde 0, partiendo de Internet. No es una cuestión de trasladar los modelos de negocio del siglo XX. Hay muchos elementos del pasado con tanto peso en muchos negocios que no permiten moverse ni dejan opción a inventar cosas nuevas”, dijo Carpintier.

“Todo lo que toca Internet cambia para siempre”, aseguró. Está reestructurando las empresas y va a dar un giro radical en los cimientos del marketing. “La gente cree que somos 1.987 millones de personas conectadas pero esto no es así. Internet es un mundo de tribus. Lo que tienes que conocer es tu tribu, la tribu que te interesa. Antes se hablaba de nichos de mercado. Ya no existen. Ahora hay tribus. Hay que entender los ‘perfiles unitarios’ de las personas y eso se conoce en las redes sociales. Es ahí donde ves las tribus a las que pertenece. Un individuo puede tener su tribu de música, de vino, de motos, de diseño… En los social media ves en cuántas tribus está metida una persona. Las redes sociales son canalizadoras de esas tribus. Esa es la clave del nuevo marketing”.

Por eso, para Carpintier, ni Facebook ni Twitter ni Tuenti están sobrevalorados. “Las personas configuran sus tribus en Facebook y dedican varias horas al día a decir qué hacen, qué les gusta, qué quieren… Ofrecen mucha información y eso les aporta un valor incalculable”.

La geolocalización también va a ser decisiva en las estrategias de marketing del futuro. Lo que Carpintier no sabe es “cómo”. Y, por lo que concierne al presente, “todavía es muy difícil ver la explotación económica”.

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