Permitidme adoptar un tono personal en este blog. En estos momentos me encuentro recorriendo uno de los lugares más recónditos del planeta: la Carretera Austral, una cinta de tierra apisonada que une pueblos recónditos de la Patagonia Chilena. Vivir en lugares como Coyaique (Región de Aisén) donde se apiñan 50.000 personas puede resultar muy complicado. Las comunicaciones con el exterior son, en ocasiones difíciles, y el tráfico de mercancías se restringe al máximo debido a la casi inexistencia de carreteras asfaltadas.

Quien vive en este lugar ha elegido vivir aquí, en contacto permanente con una naturaleza que no ofrece misericordia, soportando temperaturas que en invierno pueden alcanzar los 22º bajo cero, vientos polares e intempestivas erupciones de volcanes y terremotos. Contado así, parecería una locura vivir en una tierra como esta, sin embargo los atractivos son innumerables para aquellos que quieran vivir en contacto absoluto con la naturaleza.

Uno se olvida rápidamente de la televisión (en muchos lugares sólo se pueden ver dos canales), las videoconsolas (no hay lugar donde adquirir juegos y menos posibilidad de jugar en línea). Internet ha sustituido a los demás medios como fuente de información, los lugares que disponen de áreas Wifi son incontables y las redes sociales mantiene amalgamada a la comunidad. La penetración de la publicidad es mínima y el activismo de los ciudadanos copa los pocos espacios útiles para realizar cualquier publicidad exterior.

Viajar hacia el sur es toda una experiencia. La carretera austral se extiende durante más de 400 kilómetros serpenteando entre lagos, montañas y ríos indómitos. Las montañas son omnipresentes y las nieves perpetuas alimentan los glaciares de lo que aquí se conoce como Campo de Hielo Norte y Sur. Al otro lado de la frontera, en Argentina, el Perito Moreno es el mejor ejemplo de este mundo de hielo, viento y desolación.

Sin embargo, este paraíso casi inalterado de la mano del hombre tiene sus días contados, la amenaza de la construcción por parte de la empresa española Endesa de un megaproyecto hidráulico, tiene en jaque a la población local. La oposición es total ya que se destruirían dos de los ríos más bellos del planeta: el Baker y el Pascua. Las aguas del Baker con su color azul turquesa son el vestigio de lo que los ríos de época glaciar fueron. Uno puede beber directamente de sus aguas de más de 6.000 años de antigüedad y disfrutar de sus salmones y truchas australes.

Los patagones han planteado una lucha titánica contra la transnacional y unas autoridades interesadas en el beneficio de unos pocos y que amenazan con el apagón eléctrico en caso de que el proyecto no se lleve a buen término. Pero esta es una historia que ya les contaremos, ahora disfruten de las fotografías…

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