Internet, la telefonía móvil, youtube, las redes sociales, la fotografía digital, en resumen, la irrupción de la tecnología de manera masiva en nuestras vidas han dado al traste con muchos paradigmas. Nuestra manera de mirar el mundo ha cambiado y nuestra relación con los productos y servicios no volverá a ser la misma que hace unas décadas.
El abaratamiento de cualquier producción ha revolucionado nuestra forma de relacionarnos con el mundo permitiéndonos llegar a millones de consumidores, sin embargo los códigos de esta nueva era digital son diferentes a los que hasta ahora habíamos manejado.

Los medios se están convirtiendo en algo omnipresente. El desarrollo de los teléfonos móviles constituye un excelente ejemplo. No son sólo aparatos de telecomunicaciones. Permiten jugar, bajar información de Internet, hacer y enviar fotografías o mensajes de texto, incluso ver tráilers de nuevas películas, bajar entregas de relatos o contemplar la retransmisión de conciertos… Al tiempo que la comunicación se extiende, se está produciendo un interesante cambio en el contenido y la propiedad de los medios, como ha señalado con acierto Henry Jenkins en Convergence Culture. El viejo Hollywood se centraba en el cine, pero desde hace unos años los nuevos conglomerados mediáticos tienen participaciones mayoritarias en toda la industria del entretenimiento. La Warner Bros., por poner un ejemplo, produce películas, televisión, música, juegos de ordenador, sitios web, juguetes, visitas a parques de atracciones, libros, periódicos, revistas y cómics. Asistimos así a una expansión tecnológica de la comunicación a la vez que los medios se diversifican en su oferta y su propiedad se concentra en gigantescos conglomerados. Por si ello fuera poco, esta transformación se acompaña de un profundo cambio en nuestra manera de consumir los medios. Ahora se consumen mezclando polivalencia, multiparticipación e interactividad.
La multiplicación de productos comunicativos, abaratamiento de los costes de producción y distribución, mayor protagonismo del consumidor y una alarmante concentración de la propiedad de unos medios que en gran medida son transnacionales y dominan todos los sectores de la industria de la comunicación y del entretenimiento, son la realidad con la que nos enfrentamos.
Este nuevo entorno ha alzado al storytelling o “arte de contar historias” que surge en Estados Unidos en los años 90, en desde entonces su uso no ha hecho sino aumentar en el mundo de la comunicación y en el de la política. Considerado durante tiempo como una forma de comunicación destinada a los niños, el storytelling resurge, adaptado a los nuevos tiempos, como un instrumento de persuasión y propaganda.

Las aplicaciones del storytelling, desde la persuasión y manipulación política hasta la venta por internet con descuentos es una excelente técnica en el mundo turístico. Cuando nos planteamos que venden realmente las agencias turísticas, los hoteles, restaurates o cualquier otro tipo de negocio de sector, la repuesta general suelen ser: viajes, habitaciones de hotel, servicios, gastronomía o diversión. Hace años Nike lo tuvo muy claro, dejó de vender productos para centrarse en la venta de experiencias. Y es que el turismo vende realmente experiencias, ilusiones.

Una experiencia turística, es la parte esencial de un producto turístico, lo que realmente provoca la motivación de la compra del mismo y genera unas expectativas, que obviamente luego hay que cumplir. Es decir no hay respuesta más insatisfactoria, que no percibir la experiencia prometida. Cuanto más vaga, difusa o genérica sea una experiencia, menos atractiva es y por tanto, no aporta ningún valor al producto turístico. Ahora bien percibo, que este tema, no está desarrollado correctamente en muchos casos y parce que se frivoliza demasiado, al igual que con la animación turística.
Hay que darse cuenta, que el resultado final o lo que el visitante adquiere, después de haber comprado un producto turístico es la experiencia y ésta es integral, por lo que depende de múltiples variables y factores, que no tienen por qué ser turísticas y de hecho no lo son. Véase, la actitud de la gente o población local, tanto en el destino, como en su hinterland, los efectos climáticos o micro climáticos, la estética ambiental, cultural, social,…, gastronomía, equipamientos e infraestructuras públicas y un largo etcétera, que conforma la experiencia de un viaje o estadía en un lugar o destino objetivo.
Pero si aplicamos un zoom, y reducimos este campo, a una escala, más manejable, también tenemos que considerar que si queremos ser “diferentes, únicos, especiales…”, que nos compren, no solo por ser más baratos que otros (pan para hoy, hambre para mañana), es fundamental, tener claro que experiencia/as, queremos ofrecer y por tanto diseñar y crear.

Recuerden que las experiencias cambian en tiempo y espacio, porque afortunadamente estas dos variables, pueden jugar a nuestro favor, si se saben gestionar adecuadamente. La mejor forma de trasladar ese mundo de sensaciones de una manera coherente es la utilización de las técnicas del “storytelling” que encajan con la utilización de los nuevos canales de marketing y comunicación utilizados para dar a conocer nuestros productos. La utilización masiva de las redes sociales, las campañas virales, el marketing de guerrilla y las técnicas de marketing 2.0 son terreno abonado para esta nueva forma de narrar. Un ejemplo perfecto es la campaña que el Gobierno de la Rioja puso en marcha para elegir un embajador que hablase de sus vinos, sus lugares emblemáticos y sus posiblidades turísticas.

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