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Paseaba hace unos días por las nuevas instalaciones del Puerto de Málaga y observé a un grupo de chicas adolescentes fotografiándose de manera compulsiva en todas las poses imaginables. Al margen del debate sobre el destino de dichas fotografías, de las que les aseguro existían poses más que provocativas, me asaltó otra pregunta. ¿Existe el acontecimiento si no resulta fotografiado? ¿Cual es la naturaleza material de la fotografía digital?

Los diferentes dispositivos han ido desmaterializando la imagen como objeto: de algo absolutamente tangible como una pintura o una foto en papel, se pasó a la imagen/movimiento, que existe sólo al ser proyectada, llegando ahora a la imagen digital que basa su existencia en un código numérico grabado sobre un soporte que, dicho sea de paso, nadie puede asegurar exactamente cuánto durará. La realidad virtual, uno de los productos más recientes de la tecnología digital, resulta una paradoja interesante porque la imagen no existe como objeto, es en muchos casos una “realidad producida por el dispositivo mismo, no ya ‘copiada’ del mundo físico” y sin embargo se ha convertido en la super-representación ya que no sólo puede verse sino también “tocarse”.Nueva York, Torres Gemelas, 11 S, Comunifrikis, Gorka Zamarreño
Por otra parte –y esto también queremos considerarlo– la fotografía y sus derivados han ido tomando, en la vida de los hombres, un lugar cómo sustitutos de la memoria. Las imágenes producidas por las “máquinas”, dado su carácter de espejo de lo real, han generado un fenómeno que fue ampliándose a lo largo de su desarrollo, esto es, una compulsión a la documentación y el archivo, donde dichas imágenes funcionan como disparador de re-memoración o como conservación de la memoria. Recordamos, muchas veces hasta nuestra propia vida, a través de las imágenes que de ella se han registrado. La imagen podría aparecer entonces también como prótesis de la memoria.

El mercado impone tecnologías y nosotros las incorporamos, en la mayoría de los casos, sin la reflexión necesaria. Cada vez en mayor medida las imposiciones del mercado condicionan las decisiones del usuario, cada vez hay menos posibilidad de elección. Dejan de fabricarse algunos productos de uso habitual y las nuevas tecnologías van desplazando a las anteriores en lugar de complementarlas. Y, para colmo, las nuevas no necesariamente son mejores.

A partir de una tecnología que lo permite y una cultura que lo alienta, cada vez se realizan más registros aunque, paradójicamente, esos registros sirven cada vez menos. Se producen miles de imágenes que después no se vuelven a ver por exceso de acumulación o por falta de tiempo. Las imágenes se visualizan en el momento de tomarlas, se guardan en un CD o disco duro y allí quedan olvidadas la mayor parte de las veces: ya no hay foto/objeto para archivar en un álbum y compartir. A través de esta práctica digital, la fotografía –y sabemos que tal vez resulte una exageración– prácticamente deja de existir como tal: la cámara comienza a reemplazar las funciones que antes realizaba el cerebro, ya no es una prótesis de la memoria, produciendo esa imagen tangible (la copia en papel) que nos ayuda a rememorar: la fotografía dejó de ocupar el lugar de la memoria, para ser memoria –es decir olvido potencial–, casi tan intangible, inmaterial y difícil de recuperar como las imágenes almacenadas en nuestro cerebro. Cuando se pierde la capacidad de discriminar qué cosa es memorable, entonces se comienza a registrar todo y con eso lo único que seconsigue es trasladar el problema hacia adelante.
Si no se decide con precisión en el momento de la captura qué es lo fotografiable, deberá decidirse en el momento de la visualización y/o edición del material. El resultado final de este proceso es, en el mejor de los casos, fotografiar indiscriminadamente todo para luego ver ese material como si fuera la realidad y allí sí, aplicar algún criterio de selección a las imágenes obtenidas, es decir casi como “fotografiar fotografías”. De la observación cotidiana también y sólo como un ejemplo más, podríamos citar las 10.000 –si 10.000, no es una figuración– imágenes hechas por un aficionado a la fotografía en unas vacaciones de dos semanas. Una hiperbólica cantidad de recuerdos que luego será casi imposible volver a ver (rememorar) por falta de tiempo.

Para terminar podríamos remarcar también que, paralelamente, tal vez el uso extendido de los programas de captura, retoque y generación de imágenes digitales esté minando la credibilidad de la reproducción, develando de alguna manera el origen cultural de la ficción de la representación. Hoy todos sabemos que las tapas de las revistas de actualidad son retocadas con photoshop, sobre todo cuando reproducen (¿Reproducen?) la imagen de alguna diva.

Si la imagen puede retocarse infinitamente o crearse enteramente a partir de información binaria, ¿Seguirá siendo paradigma de “espejo de lo real” la imagen producida por una máquina que fuera durante tanto tiempo garantía de objetividad en el saber común? Insistimos, el mercado de la tecnología, en general, no produce innovaciones, sino que produce recambios que tienen que ver más con el aliento del consumo que con la intención de cubrir demandas de la sociedad. Las máquinas de imágenes, en cierta medida, no han cambiado sustancialmente desde la cámara oscura hasta la tecnología digital. Pero sí seguramente generan cambios en el paradigma de representación y en los hábitos sociales a través del uso, sea esta su intención original o no.
Los recambios tecnológicos se producen con tanta velocidad que resulta difícil saber hasta qué punto benefician o no a los usuarios. Cuando aún no se ha podido definir completamente la influencia que ha tenido –y tiene– la imagen en la sociedad, ya estamos hablando de imagen digital, como si la historia de la imagen fotográfica fuera sólo una cuestión de reemplazar tecnologías –y denominaciones– a medida que otras más nuevas aparecen. En todo caso, lo que habría que revisar más en profundidad es el concepto de representación y mímesis, de lo real y su espejo, que sigue siendo el tema importante. En este sentido, deberíamos analizar si estas nuevas tecnologías pueden modificar el paradigma de la imagen y su poder de representación de lo real.  Esperemos que con el advenimiento de las tecnologías digitales se derribe por fin el telón, y ahora hasta los profanos puedan percibir la “gran mentira” de la fotografía, o su verdadera cara, esto es, la inevitable manipulación que opera en el proceso de toda imagen sobre la realidad.

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Curiosamente gran parte de mis mejores amigos, esa gente que te anima y te mima cuando estás jodido y comparte contigo esos momentos felices de la vida, son fotógrafos. Tipos pegados a su cámara, francotiradores del momento que con su ojo y su capacidad crítica, nos regalan imágenes inolvidables.
Si existe un tema recurrente en nuestras conversaciones es el de la propiedad intelectual. Es un tema que preocupa a todo creador, y más en un mundo dominado por la red de redes donde apropiarse de una imagen sólo está a un click de ratón. La política del “todo gratis” mina la creatividad y la capacidad de supervivencia de cualquier trabajador que tenga como herramientas de trabajo su imaginación y buen hacer. Si a esto le sumamos la progresiva “amateurización” de la fotografía, los salarios de miseria de periódicos y revistas y el inturisismo de aficionados “empalmados” al ver sus fotografías publicadas; el espacio vital de los fotógrafos se estrecha cada vez más.Mariano pozo autor  de "India una mirada interior"

Para ilustrar esta tendencia nada mejor que contaros lo que le ha acontecido a mi amigo Mariano Pozo. Pozo es un fotógrafo de raza, de esos que te fusila con el teleobjetivo; un fotoreportero de los que quedan pocos. Un tipo que se hunde en el barro con la cámara convertida en bayoneta. Amigo de sus amigos, Mariano nunca derrocha palabras ni imágenes. A pesar de los reveses de la vida, Pozo tiene una faceta filantrópica que le ha llevado a viajar a algunos de los lugares menos recomendables del planeta. Y lo ha contado, con imágnes. Este el caso de su viaje a India del que surgió un maravilloso libro de fotografías que lleva por título “India, una mirada interior” en el que se retrata el periplo del fotógrafo entre los desheredados de la tierra. Los beneficios de la publicación han ido a aprar desde el año 2003 a la fundación Slum Kalakar Trust. Como agradecimeinto a su desinterés las autoridades locales bautizaron un parque en Nueva Deli  con el nombre de Mariano´s Garden.

Libro India, una mirada interior de Mariano Pozo. Como supondrán la publicaciñon goza de su registro legal, ISBN y demás parafernalia legal. El hecho sorprendente es que otro “fotógrafo” malagueño ha publicado un libro de la misma temática con un título idéntico a la obra de Mariano. En el mundo en el que vivimos hoy es imposible que una persona alegue casualidad o desconocimiento. Únicamente debemos “googlear” cualquier nombre para comprobar si está siendo utilizado. Este es el caso de “India, una mirada interior” plagiado por un irresponsable que para colmo alardea en su web sobre la Ley de Propiedad Intelectual. Es imposible bautizar un libro con el mismo nombre y alegar desconocer que existe una misma obra de similar temática y mismo nombre.
Plagio, puro y duro. Hay que predicar con el ejemplo. Es muy fácil aprovecharse de la campaña mediática de una gran obra destinada a ayudar a los desarrapados de India. Luego ponerse chulo e irse de rositas es lo fácil. Lo difícil es el camino de la ética y la disculpa, pero de eso queda poco en este mundo. Como supondreis no menciono al plagiador, sería darle demasiada publicidad, quien importa es Mariano Pozo y su trabajo.

A estas alturas conozco a poca gente que no tenga cuenta en Facebook a parte de mi queridísima amiga Lorena (aunque he logrado convencerla de que se abra una en Twitter). Esta exposición de nuestras vidas, que a algunos tanto les gusta y de la que disfrutan como cochinos panza arriba (virtualmente hablando), puede acarrear potenciales peligros que muchas veces son directamente proporcionales a la estupidez de los usuarios “feisbukeros”. Por todos son conocidos los casos que saltan a la palestra de los medios, de personas despedidas de sus trabajos por realizar ciertos comentarios o ser vistos en fotografías que mas vale hubieran sido entregadas al fuego purificador del infierno.

Haciéndome eco de lo publicado en la revista Time, haremos un repasito de aquellas cositas que nunca deberíais publicar, hacer o sólo pensar en vuestra red social favorita (y por extensión a las demas).

1.- No muestres fotografías bebiendo o en estado ebrio. Hay personas que han perdido su trabajo por colgar fotografías en las que aparecen consumiendo alcohol. Este es el caso de una joven profesora de Georgia (EE UU) que publicó imágenes bebiendo cerveza en la fábrica de Guinness. Lo que sirve para el alcohol también es extensible a todo tipo de fotografías en las que se nos vea con poca o ninguna ropa practicando cualquier opción sexual. Especialmente perniciosa es la práctica de sexo con animales y cualquier tipo de parafilia similar.

2.- Escribir sobre cuanto odias tu trabajo: Sí lo sé, te encantaría poner a parir a tu jefe y contar toda la mierda que rodea a tu asqueroso trabajo. Te encuentras explotado, manipulado y acosado (esto es España, qué creías tú), sin embargo debes lucir tu mejor cara y los piropos más lisonjeros a tus jefes. Haz de tu muro un rincón del peloteo más asqueroso. Nunca manifiestes lo que piensas. Si la última gota colma el vaso, el AK-47 es la mejor solución. No olvides hacer fotos de la masacre para compartirlas con tu mejores amigos.Maltrato laboral

3.- No dejes rastros de tu infidelidad. Tu mujer, novia o pareja pueden saber de informática mucho más de lo que piensas. Seguro que ellas conocen tus claves de acceso. Entonces, ¿Por qué te empeñas en mandar esas poesías tan cursis a tu enamorada? Aunque parezca mentira, la mayoría de las infidelidades tienen un rastro en Facebook. Un reciente estudio realizado por la American Academy of Matrimonial Lawyers de EE UU asegura que 8 de cada 10 casos estudiados han dejado evidencias de infidelidad en las redes sociales. Si te pillan que no sea por unos cuernos virtuales que sea por unos que rasquen el techo.

4.- No publiques fotos de tu ex pareja desnuda. Los cuernos te llegan a Plutón y la rabia te hace babear de manera incontenible, pero si has pensado hacer circular ese video guarrete de tus escarceos sexuales o las fotos subidas de tono que te regaló ella, olvídate. La venganza está muy bien, pero no mola nada que te juzguen por unas fotos. Recuerda, la venganza es un plato que se sirve muy frío.

5.- No copies respuestas de trabajos académicos. Ya se, es un peñazo, todos los profesores os ponen un montón de trabajos, en su mayoría estúpidos y aburridos. Sois los reyes del mambo e internet no tiene secretos para vosotros. Lo malo es que tampoco lo tiene para la mayoría de vuestros docentes, ¡qué putada!. Ya es hora de ser originales. Copiar de una red social o de internet es realmente chungo, demuestra vuestra falta de iamginación que es mucho peor que un mal trabajo.

6.- Chantajear. La extorisión es para cobardes. Siempre funcionan mejor un buen par de ostias en vivo y en directo. El chantaje deja huella y es un delito bastante importante. Si se te ha pasado por la cabeza hacerte pasar por otra persona para obtener fotografías comprometidas, has de saber que el “pishing” es una actividad muy perseguida por la Benemérita y que esos siempre acaban (por suete) trincándote.

7.- No mencionar cuando vas a estar ausente de tu casa. La crisis y la idiosincrasia de este país producen una cantidad de chorizos impresionante. Siempre están atentos a que algún idiota publique en su muro: “Nos vamos un par de semanas de crucero”. Ya sabes el efecto que eso tiene entre los amigos de lo ajeno. Si eres retorcido siempre puedes montar una trampa y atrincherarte junto a tu suegra armados de sendas escopetas, a ver quien aparece por la puerta.

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